¡Un burro volando!
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Cuando Tomás de Aquino llegó como novicio a su primer convento sorprendió a todos por lo poco hablador y súmamente estudioso que era. Eso, unido a su físico regordete y bajito hizo que algunos de sus compañeros de promoción en el noviciado se burlaran de él considerándolo muy inocente.
Un día quisieron gastarle una broma y desde el centro del patio al que daba su celda donde se encontraba trabajando le gritaron:** “¡Tomás!, ¡Tomás!, mira, mira, un burro volando”**.
Tomás dejó su estudio, se levantó de la mesa, se asomó a la ventana y miró al cielo en la misma dirección en la que sus hermanos señalaban. Cuando estos lo vieron rompieron a reír a carcajada limpia burlándose de él.
“¡¡Pero como puedes ser tan inocente hombre de Dios!!”
A lo que Tomás les respondió:
“Entre que un burro vuele y que un dominico se burle así de otro dominico, me parece más imposible lo segundo que lo primero”.