La clave de la felicidad
Publicado
- 🕒 2 min read
Una familia muy pobre tenía además muchos otros problemas. Su situación era un verdadero desastre. Pero encontraron en el Cielo un buen aliado, un ángel que les acompañó a ver a la Virgen María. Con su ayuda estaban seguros de que todo podía resolverse. Y la Madre de Dios actuó en su favor. Aquella familia cambió de la noche a la mañana. Los hijos dejaron los malos hábitos y fueron encontrando trabajo. El cambio llegó incluso a las costumbres religiosas y así empezaron a ir a misa los domingos. Comenzaron a colaborar económicamente con instituciones humanitarias. Sin embargo, no eran felices. Algo no iba bien. Tenían de todo, pero seguía sin haber felicidad.
Estaba a punto de morir el padre y le visitó de nuevo el ángel.** «¿Eres feliz? ¿Son felices los tuyos?», preguntó el mensajero divino. **
«No», contestó, desolado, el anciano.** «Todos estamos bien, mucho mejor que cuando viniste a vernos la primera vez. Como sabes, hasta nos hemos vuelto piadosos y damos limosna a los pobres. Pero en esta casa no hay felicidad. ¿Por qué?»**.
«Te dije –contestó el ángel– que había un don estrechamente ligado a esa felicidad y sin el cual esta no puede existir. Pero tú no lo has pedido y yo no te lo he podido dar».
«Un don, ¿qué don?», preguntó inquieto el buen hombre.** «¿Qué puede dar la felicidad si no es el dinero, la salud, la cultura o las diversiones? ¿La unión entre nosotros? Ahora que todo termina para mí, dime, ángel, ¿qué me ha faltado por pedirte?»**.
«Lo único que no me has pedido –repuso el enviado– era precisamente lo más importante: la virtud de agradecerlo todo. Tienes muchos bienes, los compartes con los necesitados, por lo tanto has aprendido a dar. Pero no has aprendido a dar las gracias. Y sin gratitud es imposible la felicidad, sin ella no se disfruta de los bien recibidos. Sin gratitud, no te das cuenta de que todo es un regalo, un don. Piensas que lo mereces, que la vida o Dios te deben, que están obligados a concedértelo. Y en lugar de pensar en lo que ya posees, solo piensas en lo que todavía te falta, por eso no terminas de disfrutar de lo mucho que tienes. Lo siento. No me has pedido la clave de la felicidad: saber agradecer, la virtud de la gratitud»
Fuente: Santiago Martín, ABC, Navidad 1997