Soy el océano de paz
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Considera qué excelencia adquiere el alma que recibe como conviene este pan de vida, este alimento de los ángeles. Recibiendo este sacramento, ella permanece en Mí y Yo en ella. Como el pez está en el mar y el mar en el pez, así Yo estoy en el alma y el alma está en Mí, que soy el Océano de paz. De esta Comunión queda la gracia; porque, después de haber recibido este pan de vida en estado de gracia, el alma recoge su gracia, una vez que los accidentes del pan son consumidos. Os dejo la señal de la gracia, como hace el sello que se imprime sobre la cera blanda, que conserva su señal cuando se le ha quitado. Lo mismo hace la virtud de este sacramento en el alma, donde deja tras de sí el ardor de mi divina caridad, la clemencia del Espíritu Santo, con la luz de la Sabiduría, mi Hijo único.