Señor mío y Dios mío
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Al final, Tomás respondió: «¡Señor mío y Dios mío!». Es la fórmula de confesión más breve del Nuevo Testamento, y al mismo tiempo es la confesión, la adoración, la oración fundamental del cristianismo: «¡Señor mío y Dios mío!». Todo el Nuevo Testamento desemboca en estas palabras, todos los caminos del Nuevo Testamento terminan aquí, y también nuestro camino de fe debe llegar a este punto: «¡Señor mío y Dios mío!»